Mansell traía neumáticos nuevos, un segundo por vuelta más rápido. Senna tenía cuatro vueltas, neumáticos gastados y la calle más estrecha del mundo.
A tres vueltas de la bandera a cuadros, Nigel Mansell finalmente alcanzó a Ayrton Senna. El Williams llevaba neumáticos nuevos y era mucho más rápido. Pero el McLaren de delante ocupaba cada hueco que dejaban las estrechas calles de Mónaco. Senna solo podía resistir. Y a Mansell le quedaba muy poco tiempo para encontrar un lugar por donde pasar.
El Williams parecía imbatible
El Gran Premio de Mónaco de 1992 se disputó a 78 vueltas. Nigel Mansell salió desde la pole y lideró la carrera. El inglés llegaba tras cinco victorias consecutivas, y la Fórmula 1 empezaba a preguntarse si alguien más lograría un buen resultado esa temporada.
El Williams-Renault FW14B ayudaba a explicar aquel dominio. Con aerodinámica avanzada y suspensión activa, aventajaba a sus rivales, entre ellos el McLaren-Honda de Senna. El brasileño aún buscaba su primera victoria del año. Para conseguirla, tendría que enfrentarse a un coche superior y a su piloto en uno de los circuitos más difíciles para adelantar.
Una parada cambia la carrera
El giro llegó en la vuelta 71. Mansell sospechó que tenía un problema en el neumático trasero izquierdo y entró a boxes. El equipo cambió los cuatro neumáticos. Mientras el inglés salía del pit lane, Senna se dirigía a la primera curva y tomaba el liderato.
La ventaja inicial del brasileño era de cinco segundos. Pero sus neumáticos estaban muy gastados, mientras Mansell acababa de estrenar un juego. La diferencia bajó a 4,3 segundos en la vuelta siguiente y a 1,9 en la posterior. Durante la persecución, el piloto de Williams marcó un nuevo récord de vuelta, casi dos segundos más rápido que cualquier otro.
La parada le había dado el liderato a Senna. También había dejado a Mansell en posición de atacar con neumáticos de mayor agarre. A tres vueltas del final, alcanzó al brasileño. La velocidad del Williams ya no bastaba por sí sola: Mansell necesitaba encontrar espacio para pasar.
Defender cada curva
Las calles estrechas y las curvas cerradas de Mónaco dejaban muy poco espacio para adelantar. Mansell presionaba e intentaba provocar un error. Senna cerraba las posibles entradas en los puntos de adelantamiento, curva tras curva. El McLaren tenía neumáticos más gastados y menos velocidad, pero Senna aún podía colocarlo en el lugar adecuado.
La lucha llegó hasta la meta. Senna cruzó la línea apenas 0,215 segundos por delante de Mansell. En el podio, quedó junto a los dos pilotos de Williams: Mansell y Riccardo Patrese.
Fue la primera victoria de Senna en la temporada y la quinta en Mónaco. Así igualó el récord de Graham Hill en el principado. Senna volvería a ganar allí en 1993 y terminaría con seis triunfos en el Gran Premio de Mónaco, más que cualquier otro piloto. Pero aquella llegada ajustada ya lo había dejado claro: en 1992, Williams tenía la velocidad. En las calles de Mónaco, Senna tenía la respuesta.





