Con el coche detenido en la última vuelta, Senna encontró un inesperado viaje de regreso a boxes.
El McLaren de Ayrton Senna empezó a dar tirones en la recta Hangar cuando el segundo puesto parecía asegurado. Senna miró el tablero: todo parecía normal. Pero, cerca del final del Gran Premio de Gran Bretaña de 1991, el combustible se agotaba. El brasileño perdería posiciones y, en la vuelta de honor de Nigel Mansell, viajaría en el Williams de su rival.
La batalla empieza en la salida
El 14 de julio de 1991, Silverstone acogió la octava prueba del campeonato. Mansell había logrado la pole tras una lucha ajustada con Senna. El británico partía en casa con un Williams-Renault para una carrera de 59 vueltas.
La salida cambió el orden. Mansell arrancó mal y Senna tomó la punta. Pero el brasileño no la conservó por mucho tiempo. Mansell desconectó el limitador de revoluciones para conseguir más potencia y adelantó a su rival al final de la recta Hangar. Recuperó el liderato y siguió rumbo a la victoria.
Dos problemas en una misma recta
En las últimas diez vueltas, aproximadamente, la carrera de Mansell también quedó bajo presión. La caja de cambios del Williams empezó a dar problemas graves. Más tarde recordaría que empezó a entrar en pánico, pero no avisó a los boxes. La telemetría de Renault detectó la falla, y Patrick Head y el equipo siguieron la situación con preocupación.
En McLaren, otro problema se ocultaba tras una lectura tranquilizadora. El ordenador de a bordo indicaba que Senna tenía combustible suficiente para terminar. Los cambios en la especificación del combustible contribuían a lecturas imprecisas del consumo. Cuando el McLaren empezó a dar tirones en la recta Hangar, el tablero todavía no mostraba lo que ocurría.
Con la sexta marcha engranada, el motor se apagó. Cerca de la curva Club, ya en la última vuelta, el tanque se quedó sin combustible. Senna no podría llevar el coche hasta la meta por sus propios medios. Sin embargo, la indicación a bordo aún mostraba combustible de sobra.
Un viaje en la vuelta de honor
Mansell recibió la bandera a cuadros y ganó por cuarta vez en casa, la segunda en Silverstone. Senna, que iba segundo, se quedó sin combustible y perdió posiciones. En la vuelta de honor, Mansell vio el McLaren detenido y acercó su Williams.
Senna subió al coche, metió una pierna en el cockpit y se sentó sobre la carrocería. Mansell lo llevó de regreso a los boxes, con su rival como pasajero en su propia vuelta de victoria.
La clasificación final todavía le dio puntos a Senna: terminó cuarto, aunque no completó la última vuelta con el McLaren. Gerhard Berger quedó segundo y Alain Prost, tercero. Para Mansell, además, fue su segunda victoria consecutiva.
Una imagen que perduró
El viaje reunió a los dos rivales en una escena insólita, después de una carrera que puso a prueba tanto la caja de cambios como la precisión del cálculo de combustible. La fotografía de Senna sobre el Williams de Mansell se convirtió en una imagen icónica de Silverstone y en una de las más famosas de la Fórmula 1.
Senna no cruzó la meta al volante de su McLaren. Aun así, sumó puntos. Y regresó a los boxes sentado en el coche del hombre que acababa de ganar la carrera.





