En Donington, Senna se enfrentó a los Williams en una carrera de lluvia cambiante y pista seca, con decisiones que cambiaron la disputa.
Ayrton Senna llega a la horquilla de Melbourne al final de la primera vuelta. La pista sigue mojada y Alain Prost va delante. Williams tiene el coche más potente, pero Senna se lanza por el interior y toma la punta. En unos segundos, la carrera cambia de manos.
Una salida bajo la lluvia
Es el 11 de abril de 1993, domingo de Pascua en Donington Park, Inglaterra. El circuito acoge el Gran Premio de Europa, tercera prueba del campeonato. La lluvia ha empapado el asfalto. Los Williams ocupan la primera fila: Prost sale desde la pole y Damon Hill está a su lado. Michael Schumacher parte tercero. Senna es cuarto y sabe que debe atacar antes de que los pilotos de Williams se afiancen.
En la salida, Schumacher bloquea a Senna. Ambos pierden tiempo y Karl Wendlinger aprovecha el hueco. Senna cae al quinto puesto, pero reacciona antes de terminar la primera vuelta. Pasa a Schumacher en la tercera curva y luego alcanza a Wendlinger con velocidad. Sale de detrás del Sauber y lo supera por fuera. El siguiente es Hill: Senna le quita el segundo lugar en la curva McLean’s.
Entonces llega la maniobra en Melbourne. Senna se lanza por el interior de Prost y completa el adelantamiento. Al terminar la vuelta, ya lidera. Ha superado a Schumacher, Wendlinger, Hill y Prost en una pista que alterna entre mojada y seca.
Neumáticos, lluvia y decisiones
Cuando el asfalto empieza a secarse, los pilotos cambian los neumáticos de lluvia por slicks. La lluvia regresa y los líderes vuelven a boxes para montar neumáticos de lluvia. Schumacher se queda en pista y toma la punta, pero trompea en la vuelta 23 con los neumáticos equivocados.
Prost vuelve a los slicks en la vuelta 33. Senna y Hill hacen lo mismo una vuelta después, pero un problema durante la parada le cuesta veinte segundos a Senna. Más tarde vuelve a llover. Los Williams paran para montar neumáticos de lluvia; Senna sigue en pista. El tiempo mejora, el asfalto vuelve a secarse y su decisión resulta acertada.
Las paradas siguen separando a los rivales. Prost cala el motor en boxes y regresa cuarto, con una vuelta perdida. Senna también encuentra al equipo sin estar preparado para cambiarle los neumáticos, pero atraviesa el pit lane sin detenerse. En la vuelta 57, ese paso le da la vuelta más rápida: en aquella época no había límite de velocidad en boxes, y el pit lane servía de atajo. Senna lo recorre a más de 200 kilómetros por hora.
Una ventaja difícil de creer
Senna hace cuatro paradas. Prost necesita siete. Tras 76 vueltas, el McLaren cruza la meta en primer lugar. Hill termina segundo y es el único piloto en la misma vuelta, pero queda a 1 minuto y 23 segundos. Prost es tercero, una vuelta por detrás.
En McLaren, el ingeniero Neil Oatley queda atónito ante la ventaja de Senna. Piensa que los Williams se han salido de pista. La diferencia resume una carrera en la que la potencia del motor no lo decidió todo: bajo una lluvia cambiante, Senna leyó la pista, eligió cuándo parar y aprovechó cada oportunidad para avanzar. En Donington, la victoria nació de una primera vuelta extraordinaria y de decisiones tomadas bajo presión hasta el final.







