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El día en que Baggio un gol no bastó

Video cortoFútbol3 min

Con dolores y presión sobre Italia, Baggio fue a cobrar el último penal de la primera final mundialista decidida en tanda.

El balón está detenido frente a Roberto Baggio. Brasil acaba de ponerse en ventaja en la tanda de penales e Italia ya no tiene margen para fallar. Baggio debe marcar para mantener viva a su selección. Pero, aunque lo consiga, el título todavía no será italiano.

Una final sin goles

El 17 de julio de 1994, Brasil e Italia se enfrentaron en el Rose Bowl de Pasadena, California. El partido comenzó a las 12:30, hora local, bajo un calor intenso. Brasil buscaba poner fin a 24 años de espera por el título mundial, desde la Copa de 1970. Italia llegó a la final con Baggio como figura; él terminaría el torneo con el Balón de Plata.

El partido completó 90 minutos y otros 30 de prórroga sin goles. Fue la primera final de una Copa del Mundo que se definió en los penales. Baggio también llegó al encuentro con dolor en el muslo derecho, tras recibir un tratamiento prolongado por una fuerte entrada de un defensor búlgaro en la semifinal.

Cada equipo tenía hasta cinco tiros, ejecutados por jugadores distintos. Si uno lograba una ventaja que el rival ya no podía alcanzar, la tanda terminaba antes de completar los cinco intentos.

La tanda cambia con cada disparo

Franco Baresi abrió para Italia y envió el balón por encima del arco. Márcio Santos podía adelantar a Brasil, pero Pagliuca atajó su tiro. En el siguiente turno italiano, Demetrio Albertini marcó; Romário respondió y empató. Después, Alberico Evani convirtió para Italia y Branco hizo lo mismo por Brasil. Tres tiros por lado: 2–2.

En la cuarta ronda, Daniele Massaro se acercó al punto penal. Taffarel atajó su remate. Dunga marcó después y puso a Brasil arriba, 3–2. Italia llegaba a su último intento sin posibilidad de alcanzar a Brasil si fallaba.

El tiro que no bastaba para asegurar el título

Roberto Baggio se hizo cargo del quinto penal italiano. Si marcaba, mantendría viva a Italia, pero Brasil todavía tendría su último tiro para buscar la victoria. Si fallaba, ya no quedaría otro intento italiano para igualar el marcador.

Baggio disparó por encima del arco. Brasil ganó 3–2 en los penales y consiguió su cuarto título mundial. El último tiro cerró la disputa, pero la derrota fue de toda Italia; el resultado no podía recaer sobre un solo jugador.

Después del triunfo, los brasileños levantaron una pancarta en homenaje a Ayrton Senna, muerto meses antes del torneo. Para Baggio, aquel penal quedaría unido a la final de Pasadena y al recuerdo de una derrota colectiva. Había llevado a Italia hasta la final y recibido el Balón de Plata. Pero en ese instante, el fútbol redujo la historia a un balón, un disparo y un título que todavía dependía del intento brasileño.

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